Para empezar la andadura de este blog explicaré las sensaciones del trayecto recorrido hoy hasta mi trabajo, como cada día laborable del año (descontando las vacaciones, claro).
El día tenía esa luz especial, mezcla de sol por un lado y nubarrones negros por otro. Son días en los que parece que todo pueda suceder, que el sol se abra paso y luzca radiante o las nubes crezcan, lo deboren, y comiencen a dejar millones de gotas de aguas por doquier. En un momento me he encontrado el siguiente panorama, a la izquierda el mar, bravo y enojado por la fuerza del viento; enfrente unas nubes negras que amenazaban tormenta y delante desafiándolas un arco iris en todo su esplendor, mientras caían gotas de lluvia ligeras como la brisa de otoño.
Mientras conducía tenía una sensación de bienestar increíble, una paz y un sosiego como pocas veces lo he alcanzado, era como si tuviera la fuerza necesaria para conseguir todo lo que me propusiera.
Al llegar a la autopista todo se ha esfumado pero el estímulo del viaje me ha acompañado durante todo el día.
Belén
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